Marina Khmelovska, Cómo nos llamó Alicante (Notas de una emigrante forzada)
Por Marina Khmelovska
—¿Cómo llegaste a España y precisamente a Alicante?, me preguntan conocidos.
—Las fuerzas superiores nos guiaron —respondo en tono de broma. Pero en realidad, no es una broma.
Nuestra familia salió al quinto día de la guerra. Después de pasar cuatro noches en un sótano con amigos, los niños empezaron a enfermar uno tras otro. Algunos presentaban fiebre sin otros síntomas, otros sufrían de estreñimiento, y otros, al contrario, no podían salir del baño. Fue evidente que debíamos salvar a los niños. La mente y el cuerpo comenzaban a colapsar.
Tras recorrer media Europa, nos detuvimos en Alemania. Éramos cuatro familias, quince personas en total, ocho de ellas niños. Como la mayoría de los ucranianos, creíamos que aguantaríamos dos o tres semanas y volveríamos. Vivíamos todos juntos en una casa, en condiciones similares a un albergue, compartiendo una sola cocina y dos baños. Podíamos haber alquilado otro alojamiento, pero no quisimos. Sentía que si me quedaba sin mis amigas, y mis hijos sin sus amigos, perdería la estabilidad emocional.

Después de dos meses comprendimos que regresar a Ucrania era peligroso. No teníamos intención de establecernos en Alemania. Entonces surgió la gran pregunta: ¿a dónde ir?
Me senté a meditar con esa inquietud. En mi visión interna aparecieron palmeras y el mar. Pregunté: «¿Qué país es este?». Desde lo profundo de mi ser llegó la respuesta: «España». Volví a preguntar: «¿Qué ciudad?». Solo hubo silencio, seguido de una palabra: «Observa».
Abrí los ojos y le dije a mi esposo: «Tenemos que mudarnos a España». Para muchos, especialmente quienes no practican meditación o yoga, esta forma de tomar decisiones puede parecer extraña. Pero llevo quince años practicando y tomo todas las decisiones importantes, tanto personales como profesionales, desde este espacio de conexión interior. Esta práctica nunca me ha fallado.
—¿A qué ciudad iremos?, me preguntó mi esposo, que no es ucraniano y salió del país por vías legales.
—No lo sé —le respondí—, debemos observar durante unos días. Alguna ciudad se revelará.
Y efectivamente, al día siguiente, una vieja amiga me escribió por Instagram: «Marina, ¿dónde estás? Nos hemos detenido en Alicante. Es España. Aquí hay muchos de los nuestros, hay mar, sol y es una ciudad hermosa. ¿Por qué no te vienes?».
Sentí una respuesta inmediata en el cuerpo: calor, escalofríos. Busqué información sobre Alicante en internet y me gustó lo que encontré.

—Es Alicante, la ciudad nos ha llamado —le dije a mi esposo—. Si en los próximos días encontramos un piso, será una señal clara de que este es nuestro destino.
Era temporada alta. No teníamos contrato de trabajo. No conocíamos los barrios de Alicante. No queríamos pagar un año por adelantado. Seguíamos con la ilusión de que pronto todo terminaría. Además, el futuro nos asustaba y no queríamos gastar de más.
Pero encontramos un piso con pago mensual en una excelente zona, cerca del Museo Arqueológico.
Y nos mudamos.
Tres años de una nueva vida. Alicante me dio dos socios de negocio, un salto cuántico en mi carrera, nuevos amigos, mucho sol y apoyo en los momentos más difíciles, cuando sentía que caía en un abismo.
Pero esas son otras historias, no menos místicas que esta, que compartiré en las próximas ediciones de esta revista.
Si tú también llegaste a Alicante por un camino inesperado, escríbeme a mi Instagram . Tal vez compartamos tu historia en las siguientes publicaciones.
Marina Khmelovska, es la consultora espiritual más reconocida de Ucrania
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